Cómo Elegir Y Estudiar Una Carrera En Tiempos De Incertidumbre

No hay asunto más difícil y complejo que tratar de coexistir con el conflicto. Conflictos de diversa naturaleza e impacto. Conflictos psicológicos, sociales, económicos, biológicos, sanitarios y paremos de contar. En estos momentos, por ejemplo, la gigantesca crisis humana producida por el Coronavirus, nos ha puesto en una situación existencial que demanda una dura coexistencia con casi todos los órdenes materiales y vitales de la vida. Así que elegir y estudiar una carrera no queda exenta en tal situación de zozobra. 

Esto no es, con propiedad, nada nuevo en este planeta abrumado, pero es un inédito y terrible momento, el cual nos exige, entre otros aspectos, fortaleza, lucidez, paciencia, voluntad, coraje y, sobre todo, sostener la esperanza. 

Los seres humanos, gracias a una condición adaptativa, hemos aprendido a coexistir con la incertidumbre y también con los miedos que se desprenden de aquélla. El miedo, desde luego, es un sentimiento muy corruptor. El miedo lo corrompe todo: el amor, la amistad, la sociabilidad, el carácter, lo éticamente aceptable, los estudios y el futuro. Si queremos construir un futuro tenemos que abandonar el miedo o quizá tratar de manejarlo en unos términos que no nos resulte tan paralizador. 

Estudiar una carrera aunque se tenga miedo

Vivir sin miedo es prácticamente imposible. De hecho, el miedo es necesario porque a partir del mismo se activan procesos mentales y emocionales que nos impulsan a vencer una situación complicada y amenazante. Dos actitudes coexisten frente al miedo. O nos detenemos o afrontamos lo que nos espanta. La primera opción es, por supuesto, desaconsejable, a pesar de que existen situaciones emocionales casi imposibles de soportar. 

Es necesario ser tolerantes en lo que a este respecto implica el daño originado por hechos horribles. Sin bien una actitud emocional positiva contribuye a la resolución y al sosegamiento de las angustias, ello no implica, necesariamente, que el miedo y la incertidumbre desaparezcan como por arte de magia.

Afrontar el miedo sería la opción más oportuna al estudiar una carrera, dado que en el hecho de contener una situación calamitosa; suelen producirse mecanismos importantes que ayudan a resolver el problema. 

Se trata, al fin y al cabo, de un proceso dialéctico mediante el cual dos fuerzas, una que inhibe y otra que propulsa, luchan para que podamos seguir avanzando, a pesar de las dificultades. Por tal razón, llamo “coexistir” con el conflicto, coexistir con la incertidumbre desde una perspectiva que implique siempre apostar por la valentía y la superación de los problemas. Esta apuesta implica estudiar y elegir una carrera en tiempos de incertidumbre.

La Cultura De La Incertidumbre Y Del Miedo

De hecho, la incertidumbre está relacionada con esa necesidad que tenemos de saber qué va a pasar a continuación, de manera que nos podamos anticipar, lo podamos controlar y no nos tome desprevenidos. La incertidumbre es entendida como una motivación humana. Concretamente aquella que nos incita, por ejemplo, a confirmar que lo que pensamos o lo que nos dictan nuestros sentidos es cierto.

A pesar de que la incertidumbre varía dependiendo del grado y del ámbito en el que aparezca, para ciertas personas resulta insoportable. Es aquí donde adquiere su carácter motivador. La persona que la sufre o la padece,  tiene que actuar para reducirla, al menos hasta que se encuentre en unos niveles aceptables.

Existen personas que toleran la incertidumbre mejor que otras. Las personas que tienden a encontrarse en una situación de gran incertidumbre, dedican muchos recursos cognitivos para resolverla y más si su tolerancia es baja.

Dos personas pueden haber ido a una entrevista de trabajo con las mismas necesidades. Si una de ellas tiene una baja tolerancia a la incertidumbre; es probable que logre conseguir el resultado mucho más rápido porque no esperará a que la empresa se comunique con ella: será ella la que lo haga.

El Miedo Y La Vocación Profesional

¿Cómo afecta la incertidumbre la elección vocacional? Deseo recordar, que la elección vocacional no es una decisión que surge de la noche a la mañana para poder decidir nuestro futuro; por lo contrario, involucra todo un proceso de construcción que se inicia desde que somos pequeños y en el cual intervienen nuestros gustos, intereses, habilidades, necesidades, entre otros factores, todos, claro está, relacionándose unos con otros para, finalmente, llegar a la decisión de seguir tal o cual carrera.

Ya desde chicos, nuestra vocación está prácticamente determinada por la fantasía. Esta fantasía se expresa en los juegos de roles, tales como desear ser médico, bombero, policía, etc. Las fantasías tienden a cambiar un tanto cuando el niño alcanza la adolescencia, donde el interés vocacional se conecta mejor con nuestros gustos e intereses. 

Este fenómeno ocurre, aproximadamente, a los 18 años, cuando se comienzan a confrontar, de forma importante, necesidades, gustos, habilidades e intereses, en contraste o en conflicto con las oportunidades que  brinda la realidad. 

Desde luego que la edad es un factor relativo, pues cada persona tiene su tiempo particular. Sin embargo, en muchos casos podría ser un indicador de que la persona puede estar totalmente apta para asumir una decisión madura que involucre todos los aspectos ya mencionados. 

Esta elección vocacional no es solo un evento característico de la adolescencia al terminar el colegio, sino también y por diversas razones, se puede producir en diferentes etapas de la vida. También, la incertidumbre y el temor aparecerán en cualquier momento.  

La Tristeza, El Miedo Y Las Crisis De Identidad

Para el adolescente específicamente, esta decisión significa una crisis de identidad, entendiéndose la misma como una oportunidad de crecimiento e independencia, en contraposición a sus sentimientos de tristeza y miedo por el final de una etapa y el inicio de una nueva y desconocida; que puede resultar amenazante. Este fenómeno es más acuciante cuando elegir y estudiar una carrera en tiempos de incertidumbre resulta arriesgado.

El joven se percibe, en este momento, en una especie de estado intermedio, entre adulto y niño, con grandes deseos de autonomía e independencia, pero aún con miedo de lo que pueda venir adelante. 

Otros factores que también intervienen en esta etapa y que dificultan el proceso de elección son, entre otros, diversidad en la oferta educativa, la idealización de profesiones, expectativas que no van acorde a la realidad, darle prioridad a los intereses sin tomar en cuenta las habilidades y elegir para el presente y no para el futuro.

Estar atentos y conscientes de todos estos aspectos, suele ser muchas veces complicado. Llegados a este punto, la familia, en particular el papel orientador que cumplen los padres, se torna muy valioso; ya que ellos son la principal fuente de soporte y apoyo para acompañar a sus hijos en este proceso

El hecho de acompañar implica estar con los hijos en el tiempo que les lleve este proceso, mostrando interés y clarificando sus dudas. Otra forma de soporte es acudir a la ayuda de profesionales; quienes le puedan brindar una orientación vocacional, a través del desarrollo de pruebas y entrevistas, en función de sus características personales, aptitudes e intereses. De este modo la incertidumbre halla un panorama menos amenazador y confuso.  

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