Educación en casa: cuando los padres devienen en maestros de sus hijos

Una de las primeras medidas que tomaron aquellos países que constataron la terrible presencia del COVID-19 fue, por supuesto, la suspensión inmediata de sus actividades escolares. Una decisión drástica cuyas consecuencias en el inmediato y largo plazo, iría a generar un cambio contundente en los esquemas ordinarios de enseñanza. Parte de este cambio se observa a través de los nuevos paradigmas de la educación en casa, cuando los padres han devenido en maestros de sus hijos.

A pesar de que los niños no suelen presentar, al parecer, considerables complicaciones médicas y pueden superar más rápido los efectos nocivos del contagio, en cambio los jóvenes, más propensos al contacto físico, suelen ser  mayores propagadores de este letal virus.     

En América Latina, particularmente, esta medida de suspensión de actividades docentes tomó por sorpresa a los mismos y los puso, de un día para otro, en situaciones pedagógicas apremiantes. Cantidad de ellos, jamás   habían hecho un uso medianamente eficaz de las herramientas digitales en el contexto de sus procesos pedagógicos.

Educación En Casa Implica Nuevas Dinámicas Y Nuevos Retos

Es obvio que estas nuevas dinámicas de enseñanza, en cualquiera de sus niveles, exigen inéditos retos y uno de ellos, tal vez el más vital o probablemente el de mayor significación cognitiva, es capturar la atención de los alumnos, quienes, probablemente, tengan a su alrededor muchos elementos  distractores.

Por otra parte, se encuentran los atribulados padres de familia quienes, por su parte,  tampoco entienden mucho  en qué consiste este nueva dinámica educativa, es decir, una dinámica que toma a las redes sociales y la digitalización, como un factor clave en la enseñanza a distancia. 

Los padres como protagonistas de la educación en casa, ahora comenzaron a preocuparse, entre otras cosas, de que su acceso a Internet es muy reducido, inexistente, costoso  o, en su defecto,  porque no tienen suficientes computadores en casa para “teletrabajar”, en el caso de los padres,  y desde luego “telestudiar” (el neologismo es mío) en el caso de los menores y adolescentes.

La Tecnología, Una Aliada Para  Estos Tiempos Difíciles

En medio, pues, de este singular contexto, nos queda bastante claro que la tecnología es, sin duda, la mejor aliada en estos difíciles momentos de estremecedores cambios y nuevas rutinas domésticas y públicas. La realidad, sin embargo, es que no todos estamos lo suficientemente actualizados y preparados como quisiéramos para sobrellevar las exigencias que este hecho tecnológico demanda.

Por ello, la mayoría de las instituciones se han tomado más tiempo del necesario con el fin de entender estas nuevas herramientas, preparar a profesores, alumnos  y también a los padres, devenidos en maestros de sus hijos, y así darle, de cualquier modo, una forma más efectiva a la continuidad del  año escolar.

Una buena cantidad de institutos de enseñanza, los cuales durante mucho tiempo se han dedicado inteligentemente a la educación en línea, son de enorme importancia en estos días. A pesar de que estas instituciones insisten en que lo deseable sería poder capacitar a estos profesores  y a su vez a los padres para estos fines, el proceso resulta a todas luces complicado cuando se aplica de manera taxativa y urgente en las casas. Es complicado, insisto, en transformar a los padres en maestros y profesores. El agobio los confunde y los estresa en grado superlativo. 

Alumnos, Profesores Y Padres. Todos A Remar Juntos

A este respecto, las observaciones atinadas del profesor Albert Sangrá,  especialista en Ciencias de la Educación, y al parecer uno de los expertos que está colaborando, a nivel mundial, para que tanto alumnos, profesores y padres comiencen a penetrar en este nuevo proceso educativo, son absolutamente pertinentes.

A su juicio, se trata de crear un nuevo corpus de ideas que permitan afrontar el fenómeno educativo, desde la perspectiva de esta pandemia. En tal sentido, el licenciado Albert Sangrà Morer, profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación, ha elaborado una especie de guía de apoyo didáctico, la cual me resulta conveniente y aplicable en múltiples escenarios. Me permito referir algunos aspectos singulares.

En primer término, es necesario tomar en consideración la edad de los alumnos, pues de ello depende la accesibilidad  que posean  para utilizar las variadas  plataformas digitales. Asimismo, es importante preguntar qué dispositivos deberían usar y comprobar, en consecuencia, la compatibilidad de los mismos. Todas las opciones son, en principio, válidas.

La Casa No Es El Colegio, Pero Se Puede Crear Un Clima Parecido

Los medios de comunicación transmiten, de modo continuo, bastante información sobre la propagación del virus en cada rincón del mundo e invitan a participar de una infopandemia que genera, por supuesto, un intenso pánico. Más allá de que en muchas casas está la televisión encendida todo el día, los niños, simultáneamente, escuchan que los adultos comentan noticias de todo tipo al enviar o recibir mensajes. Solemos creer que los jóvenes no están atentos, pero resulta todo lo contrario.

A partir de lo antes expuesto, es inevitable que los adultos vivan preocupados por la existencia y prevención de contagio, la limpieza de los ambientes, la ropa, el abastecimiento, cocinar todo el día y eso sin tomar en cuenta aquellos familiares que requieren asistencia y acompañamiento.

Entonces, los padres se ven sometidos a otra considerable exigencia, es decir, procurar entretener a sus hijos de algún modo. Es aquí, justamente, cuando la creatividad y la imaginación de los padres se convierten en un reto y también en un callejón sin salida.

Crear Un Amable Espacio Para La Interacción

¿Qué hacer? En un contexto tan particular como este, deberíamos crear, en primer lugar, un espacio en el cual todos podamos llevar, como se dice, la fiesta en paz. Se trata de armarse de paciencia, tolerancia, comprensión y un fundamental estado de lucidez con respecto a todos los miembros que confluyen en el hogar.

En segundo término, establecer estrategias pedagógicas plausibles, amenas y no regidas por la presión que los profesores pretenden establecer, como si la casa fuera un salón de clases. Si no entendemos esto, es probable que los conflictos se conviertan en una rutina desagradable y perdamos, en consecuencia, esa armonía necesaria para poder sobrevivir en tales circunstancias.

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