El Éxito Y El Fracaso Profesional: Un problema de expectativas

Si dejamos por un momento de considerar la serie de sentimientos que por lo general afloran a la sombra del miedo y la vergüenza, creo que es posible concebir a la noción del éxito y el fracaso profesional como algo mucho menos grave que aquello que a priori parece.  

Por un número de razones que en algún otro texto podremos profundizar, vemos que la sola idea de pronunciar la palabra “fracaso” implica, para la perspectiva de jóvenes y adultos, abordar un espacio repleto de innumerables cuestiones negativas. Incluso, existen personas que en su léxico individual, evitan la invocación de la misma palabra.

 Si bien nos encontramos en tiempos en los que los paradigmas de la “normalidad” están en franca caída libre, en la clínica y en la escuela solemos encontrarnos ante el mandato de “no fracasar”.

Fracasar, después de haber intentado algo desde las más genuinas intenciones, suele ser leído por uno mismo y por la sociedad como una señal de algo penoso. 

Y sin embargo, antes de aventurarnos a entender las causas de esa lectura derrotista, pienso que la verdadera pena es no ver que detrás de la falla, se esconde la posibilidad de aprender. Aprender a intentar de otro modo, apelar a la creatividad, y a la forma de encontrar los recursos necesarios para vencer aquello que a priori parece un obstáculo.

Digamos, en este sentido, que se trata de una situación que tiene su anverso y su reverso. Desde luego, todo emprendimiento vital contiene, en su elección y en su desarrollo, la opción del éxito y el fracaso profesional. Es una dicotomía inevitable de la cual difícilmente se puede escapar.

Al parecer, se suele afrontar una cosa o la otra, pero el término medio no funciona de ningún modo. Bien sea en una carrera, en una profesión, en el matrimonio o en los negocios, se triunfa o se fracasa. No existe otra alternativa, salvo que veamos el asunto desde perspectivas distintas a las expresadas en la cultura occidental. 

Cuando La Inteligencia Fracasa Al Buscar El Éxito Y El Fracaso Profesional

A tales efectos, he recordado un estupendo libro del escritor español José Antonio Marina titulado La inteligencia fracasada y el mismo me ha hecho entender el problema desde otras interesantes vertientes conceptuales. Dice Marina, con un estilo subversivo y al margen de las definiciones habituales, que “la inteligencia fracasa cuando es incapaz de ajustarse a la realidad, de comprender lo que pasa o lo que nos pasa, de solucionar los problemas afectivos o sociales o políticos; cuando se equivoca sistemáticamente, emprende metas disparatadas, o se empeña en usar medios ineficaces, cuando desaprovecha las ocasiones; cuando decide amargarse la vida; cuando se despeña por la crueldad o la violencia”.

Como vemos, es una visión bastante exhaustiva y a mi juicio poco equívoca cuando la constatamos con la realidad. Es un hecho cierto que en la evidencia del fracaso, no solo influyen cuestiones de naturaleza social, sino también aspectos exclusivamente individuales.

Un salario elevado, un despacho magnífico, un traje caro, un gran auto. Este es, históricamente, el estereotipo del éxito profesional. Pero, ¿es realmente eso lo que nos hace dichosos? ¿Es la reunión de bienes materiales asociados con el trabajo lo que constituye el auténtico éxito en nuestros tiempos? Estudios recientes han determinado que algunos valores tales como los vínculos personales –la familia, los amigos o los compañeros de trabajo– son, cada vez más, el punto central del concepto universal de éxito.

¿Estamos Donde Debemos Estar?

Creo que es muy sensato pensar que no solo de autos y lujos extraordinarios vive el éxito. En su lugar y desde un punto de vista existencial, deberíamos preguntarnos si realmente estamos donde debemos estar; si, en efecto, hemos tomado las decisiones adecuadas. Aunque admitamos que la psicología o los estudios sociales no han reflexionado, en forma definitiva, sobre el concepto de éxito, sí lo han hecho con el concerniente a la felicidad. Entonces, ¿De allí vendrá El Éxito Y El Fracaso Profesional?

La felicidad en el trabajo, señalan algunos estudiosos, viene dada por las capacidades que poseen los seres humanos, por las posibilidades que se le ofrecen y por el universo de valores que estos manejan. Y, obviamente, tenemos que ser muy honestos con nosotros mismos en lo que se quiere y se puede obtener del trabajo.

Un estudio realizado en 2010, por ejemplo, destaca que el aspecto más valorado por los trabajadores y estudiantes  a la hora de decidirse por una empresa en concreto, es la seguridad laboral a largo plazo, por encima del estado financiero de la compañía o de la calidad –y cantidad– de los sueldos. Es decir, a los trabajadores los seduce y los convence más, el atractivo de tener un puesto de trabajo fijo y estable que ganar mucho dinero o que la empresa en la que laboran sea famosa, poderosa y particularmente sólida.

La Encarnación Simbólica Del Éxito Profesional

Uno de los individuos que mejor ejemplifican el éxito profesional en el mundo es Bill Gates, fundador del gigante del software Microsoft. Lanzó al mercado un producto de difusión planetaria, es mundialmente conocido y ha ostentado durante años el primer puesto de todos los rankings de los hombres más ricos del mundo.

Sin embargo, tomó la decisión de abandonar su cargo al frente de la compañía, cediéndole sus poderes a Steve Ballmer, para pasar a ocupar su tiempo en la Fundación Bill and Melinda Gates. Cuando alcanzó el éxito pleno en el plano profesional, decidió ampliar sus horizontes dedicándose a otros aspectos que le interesaban. 

Dentro de este singular escenario personal, he podido comprobar que existen profesionales con influyentes cargos en las empresas, los cuales se han dado cuenta de que han dedicado demasiado tiempo a su trabajo y muy poco a sus relaciones personales.

Esto nos indica que una vez logrado el éxito profesional, pareciera que muchas personas se interroguen si se trata, en realidad, de hallar no únicamente un buen y exitoso trabajo, sino un mundo que funcione  mejor.

Cuando lo material está conseguido, las personas piensan en construir unas relaciones más cooperativas que competitivas y en obtener más beneficios sociales que personales. En los países con regímenes democráticos,  incluso en las naciones emergentes, el éxito radica en la conciliación de una trayectoria profesional rica con una vida personal satisfactoria, y, de acuerdo con lo visto anteriormente, prefieren la distribución de la riqueza una vez alcanzada la cima.

Todo lo cual, entonces, nos conduce a considerar que “no solo fracasa la inteligencia individual, sino la inteligencia colectiva”, a decir de José Antonio Marina. De ello se desprende, para poder entender un poco el problema del fracaso y del éxito en materia profesional, que existen dinámicas de grupo expansivas y otras depresivas. Quizá el éxito, visto desde una óptica constructiva, sea una dinámica expansiva y el fracaso una visión depresiva. Todo es cuestión del punto de vista que se adopte.

Abrir chat
Powered by