El Reto De Adaptarse A Una Educación En Línea

En un artículo anterior, abordé un poco el tema de la educación a distancia y sus implicaciones pedagógicas en el contexto educativo. Sin embargo, creo necesario, desde otra vertiente cercana, insistir en dicho tema porque no me cabe la menor duda de que la inesperada situación de confinamiento que estamos experimentando, nos está obligando a repensar todos los mecanismos clásicos de la enseñanza. En tal sentido, estamos ante reto de adaptarnos a una educación en línea.

A pesar de que las nuevas tecnologías ya tenían una presencia relevante y absoluta en nuestra vida cotidiana, ahora las mismas se han hecho prácticamente indispensables. Y esta marcada dependencia de las tecnologías, con todas las objeciones que podamos hacerles, han venido a constituirse en un factor clave en la enseñanza. Sabemos que es difícil y particularmente complejo, aceptar y emprender un nuevo proceso de enseñanza a partir de la educación en línea.

El salto brusco del aula de clases, al encierro doméstico y la utilización, en consecuencia, de dispositivos digitales para recibir on line lo que antes se obtenía de forma presencial, implica, sin duda, un hecho muy significativo y de enormes implicaciones culturales, psicológicas, morales, económicas y físicas. No sabemos, con precisión, cuáles van a ser los efectos cognitivos de esta nueva disposición pedagógica. De algún modo, la pandemia ha movido completamente el eje de la enseñanza hacia un punto para el cual ningún estudiante y docente  estaba, en efecto, preparado.

Educación en línea: Escuelas Deshabitadas  Y Aulas Invisibles

Como consecuencia inevitable del cierre de escuelas, liceos, universidades, oficinas y negocios a raíz de la contingencia originada por el fatídico virus,  una enorme cantidad de  padres y madres de familia, docentes inexpertos y alumnos confundidos, se encuentran tratando de adaptarse a la nueva “rutina” y a las exigencias metodológicas  que significa aprender en línea. Enfrentados de golpe a esta nueva realidad, resulta muy importante que dichos padres y maestros traten de mantenerse en permanente comunicación y procuren, desde luego, hallar  la mejor manera de que sus hijos sigan, por otras vías, aprendiendo desde el ámbito un tanto complicado del hogar.

El Aprendizaje De La Tolerancia Y La Paciencia

Algunos expertos en el tema aconsejan que, aunque pareciera que los padres han tomado displicentemente el rol de educadores, los maestros deberían seguir presentes, procurando mantenerse conectados tanto como les sea posible. Dentro de esta inédita situación, creo que la mejor idea es construir un fuerte y al mismo tiempo tolerante  dominio de la paciencia y evitar disciplinar tiránicamente a sus hijos durante las actividades escolares. Se trata, en verdad, de reforzar la enseñanza y no de apelar al regaño en tanto método persuasivo.

Es más que evidente el hecho de que todos estamos pasando por un cambio muy abrupto, el cual produce miedo y ansiedad. En otros artículos hemos abordado el tema del miedo y sus repercusiones psicológicas. Una de las mejores formas de contrarrestar ese sentimiento de inseguridad y de miedo, es siendo consistentes respecto a ciertos hábitos cotidianos.

Por ejemplo, si antes una familia tenía una regla de cuánto tiempo los hijos podían pasar viendo televisión, esa regla debería permanecer igual en la medida de lo posible. Asimismo, los padres deben permitir que sus hijos hagan videollamadas con el objeto de que estos puedan socializar con sus amigos y así evitar que se sientan solos. Los expertos señalan que el uso de videollamadas, puede beneficiar bastante a los alumnos en el tema de socialización.

Los Padres Necesitan El Máximo Apoyo

En otro sentido, algunos especialistas en este campo, insisten en que los maestros tienen que apoyar a los padres, recordándoles, claro está, que hay muchas opciones que sus hijos pueden elegir para  aprender. Los niños pueden aprender mediante juegos imaginarios, jugando libremente en el patio trasero, jugar en un fregadero lleno de agua o garabatear y dibujar, señala un estudio reciente sobre el particular.

Este estudio señala que cuando los jóvenes están involucrados en múltiples cosas y hay, sin duda, un crecimiento y un aprendizaje, el hecho pedagógico  ocurre de cualquier modo.

Es fundamental recordar que los niños aprenden jugando y por ello es necesario usar plenamente la imaginación. Se me ocurre pensar, por ejemplo, que una manera creativa de enseñar fracciones es en la cocina de la casa, cuando tratamos de  seguir una receta concreta. Todo esto forma parte del reto de adaptarse a una educación en línea.

El Mito De Las 6 Horas Obligatorias En El Colegio

A pesar de que sostener una rutina y una consistencia en la casa es ciertamente aconsejable, otros diversos factores tales como la posibilidad de tener acceso a la tecnología necesaria, padres de familia ocupados trabajando desde casa, familiares enfermos y otras diversas circunstancias, intentar establecer un horario escolar tradicional de manera virtual puede resultar imposible.

Una cosa que tanto los padres, así como los alumnos deben “desaprender” en esta época, es que no es lo mismo un horario virtual que uno tradicional. Además, de los factores antes mencionados, el ritmo de aprendizaje a distancia o educación en línea es diferente, dado que la estructura de un día normal en casa es muy distinta,  a cuando, debido a la contingencia, todos los miembros de la familia tienen que convivir las 24 horas en la misma. 

En el colegio, los niños y los adolescentes tienen un horario estructurado: la hora del recreo, el tiempo de ocio que pasan caminando por los pasillos de la escuela de un aula a otra, hablando con sus compañeros u otras situaciones que no ocurren, por supuesto, en un programa escolar virtual. Entonces, ¿cuánto tiempo deben dedicar los estudiantes al estudio en casa? Supongo que aún esto habrá de definirse dependiendo de las distintas circunstancias y realidades familiares.

El Lado Oscuro De La Educación En Línea

Existe otra exigencia u otra demanda de la cual creo que se habla poco en referencia a la educación en línea, y es que esta modalidad resalta, con terrible evidencia, la desigualdad socioeconómica que viven millones de familias. Lamentablemente, muchos estudiantes no cuentan con la tecnología, el espacio ni el ambiente necesario para poder cumplir con sus expectativas académicas. Además, de estas barreras, se encuentra el miedo y la angustia que genera el hecho de que muchos padres de familia se están quedando sin empleo o familiares que, asimismo, se están enfermando o muriendo.

Es fácil constatar, desde este punto de vista, que son muchos los estudiantes que pertenecen a las clases populares,  por lo que habrá bastantes que no pueden acceder a las clases que se imparten a través Google Classroom o Zoom; sin embargo,  algunos se apoyan en el dispositivo móvil de sus padres, en caso de que lo posean,  para cumplir con sus respectivas tareas.

En La Plena Intemperie Digital

Otro aspecto que tomó al sector educativo de sorpresa, es que las medidas de emergencia que se instauraron ante la pandemia del coronavirus, los mostró a todos en la intemperie digital, por decirlo de algún modo, poniendo en evidencia que muchos docentes no tienen las habilidades tecnológicas y la formación necesaria para enseñar en línea.

Todas estas repentinas transformaciones que estamos experimentado en el mundo, vuelve aún mucho más importante el hecho de la constante comunicación y la cercanía entre padres de familia, educadores, administradores y alumnos. Es esencial conocer cuáles son estos retos para poder enfrentarlos juntos. Las crisis son también una buena oportunidad para aprender. 

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