Ética Y Genética: Un Diálogo Indispensable y reflexivo

Quisiera comenzar haciendo una reflexión a partir del siguiente enunciado. En efecto, da la impresión de que cuanto más conocemos el mundo, sus causas y sus efectos, parecemos aún más impotentes y hasta desolados. La impotencia y la desolación, al menos en estos cruciales momentos por los cuales atraviesa todo el planeta, se han instalado en nuestras certezas. Y desde allí la siguiente pregunta rebota. ¿Constituyen la ética y genética un diálogo indispensable? Yo creo que definitivamente sí.

No pretendo apuntalar una especie de pesimismo a ultranza respecto al tema pandémico, ni mucho menos. Como de manera brillante señalaba el filósofo español Fernando Savater en una muy reciente entrevista, incomoda el hecho de oír a ciertos predicadores de oficio afirmar que tal vez estuviéramos ante las diez plagas bíblicas.

Asimismo, insistía el autor de Ética para Amador, que la manía de sacar conclusiones moralizantes al estilo de “hemos vivido equivocados”, “la culpa la tienen los abusos del egoísmo o la falta de respeto a la ecología”, nos hace encarar la situación de una manera errónea. “Esto es una plaga –dice- y se acabó”. Una plaga con una virulencia feroz, es verdad, y quizá por ello, el moralismo que hoy vemos desplegado en infinidad de especulaciones, se asemejen mucho a los supuestos castigos divinos propios de la edad media.

Ética Y Genética, Un Diálogo Crucialmente Indispensable

En verdad luce un tanto incómodo que algunos moralistas, como apunta Savater, vayan repitiendo cosas tales como que ahora nos enteramos de lo importante que son los otros. “Es como si hubiera habido –afirma- que esperar 21 siglos y una plaga para darnos cuenta de que los otros son importantes”. De tal manera, más allá de lo irónico de esta frase, es indiscutible que esta epidemia no necesariamente hará más visibles a nuestros semejantes. Desde un punto de vista ético, es obvio que dramas como el que experimentamos, suelen sacar lo peor y lo mejor de los seres humanos.

En consecuencia, la solidaridad es una virtud que mucho bien nos hace a los efectos de sincronizarnos con los padecimientos de los otros a partir de la compasión. Tarea nada fácil, desde luego, pero urgente. Compadecerse significa saber convivir con el dolor de los demás y actuar para aminorar estos padecimientos.

Pero ni aún así, la solidaridad puede, de manera automática, erigirse en un valor supra humano capaz de resolver las desgracias. Quizá, junto a la solidaridad, se requiere más lucidez, claridad, empatía y, sobre todo, articular el buen uso de la inteligencia social.

La Ética y Genética Para Vivir Mejor O Peor

La ética, entre otras cosas, es un conjunto de haceres y pareceres que nos enfrenta al hecho de aprender a conmovernos. Por supuesto que para sentir esta condición, los seres humanos requerimos transitar por la vida experimentando la pasión y la razón.

Todos, no obstante, pasan por el cauce de la emoción, de la cual dependemos en un sentido u otro. La ética, en suma, no solo está hecha de normas, lo que sería justo o bueno, sino también de gestos que hablan en silencio.

Pero, ¿cómo se interconecta la ética y genética ? ¿Hasta qué punto el desarrollo de la genética ha fortalecido o cuestionado el ejercicio de la ética? Después del nacimiento de la oveja Dolly, el asalto de la revolución biotecnológica dejó de ser parte de una ficción futurista para convertirse en un nuevo modelo de conflicto moral.

El siglo XXI se inicia con una preocupante interrogante sobre los dominios de la vida y los límites de la intervención humana. Dos tendencias paralelas es lo que distingue esta nueva época; en un extremo, el progreso tecnológico en el campo de la biología y la genética molecular; en el otro, el cultivo de una conciencia ecológica global. Así que aparece un reclamo moral: ¿qué debe permitirse?, ¿hasta dónde debe llegar la ciencia?

¿Se Puede Clonar Un Ser Humano?

El tema de la famosa oveja despertó inevitables sospechas y, más temprano que tarde, la pregunta fue: ¿se debe aprobar que un ser humano deba ser clonado? Incluso reapareció un viejo tema: ¿debe detenerse el progreso de la ciencia?, ¿cuáles son los límites del conocimiento?

A partir de estas cruciales interrogantes, ¿existen cosas que no debemos saber? El escritor y estudioso norteamericano Roger Shattuck se pregunta, en su interesante libro El conocimiento prohibido, si “nuestros descubrimientos, cada vez más audaces, de los secretos de la naturaleza, podrían haber llegado a un punto en que el conocimiento nos proporcione más problemas que soluciones”. Ante la real y casi comprobada posibilidad de clonar seres humanos, se difundió un gran debate científico, social y ético que abarcó todos los campos de la investigación científica.

Las interrogantes siguen su curso. ¿Deben prohibirse los experimentos y la investigación con embriones humanos?

Los riesgos y beneficios de la bioética

A partir del momento en que la física desarrolló las posibilidades del uso de la tecnología nuclear, no se había planteado una discusión semejante entre la ciencia y la ética. La genética ha reabierto este expediente y la disyuntiva está en qué debe aprobarse y qué no. ¿Cuál es la frontera? El progreso de la ciencia se encuentra en un punto crítico.

Tal vez uno de los eventos más importantes del fin de siglo veinte y comienzos del 21, ha sido el impacto que los avances tecnológicos han provocado, tanto en el ámbito electrónico, así como en la dimensión de la genética. Las nuevas tecnologías no solo han generado oportunidades y desafíos, también estas han venido acompañadas de temores y esperanzas.

¿Quién Le Teme A Charles Darwin?

Un primo de Charles Darwin, en 1883, introdujo un concepto que, luego, se ganaría el repudio general, debido a sus connotaciones racistas. Francis Galton, aristócrata y matemático inglés, creó el término eugenesia para explicar el anhelo humano de mejorar la procreación humana a través de la ciencia.

Por tal motivo, y en sus propias palabras, la eugenesia se define como “la ciencia de mejorar la condición humana a través de apareamientos juiciosos… para proporcionar a las razas o los tipos de sangre más adecuados una mayor posibilidad de prevalecer sobre los menos adecuados”. Nada parece más arriesgado que hablar sobre el perfeccionamiento genético de la especie humana. Desde que H. G. Wells imaginó La isla del doctor Moreau y sus criaturas híbridas, la ciencia ficción de una mutación humana controlada despierta temores, discrepancia y suficiente escepticismo.

La clonación, en este sentido, ya no sería el único dilema moral. Varios conflictos éticos se derivan de los descubrimientos científicos en torno al estudio del genoma humano. La disyuntiva entre naturaleza o cultura resurge cuando se habla de las bases genéticas del comportamiento.

Conducta Y Determinación Biológica. ¿Realidad O Mito?

En los años sesenta del siglo pasado, se imaginó una relación directa entre conducta y determinación biológica. Los estudios con algunos presos, por ejemplo, pretendieron ofrecer una respuesta al problema de la criminalidad basada en la genética. En los actuales momentos, ya no se confunde la identidad individual con la identidad genética.

Además, la comprensión del individuo nunca puede reducirse solo a la herencia biológica. Sobre todo porque la humanidad no está únicamente determinada por el determinismo de los genes; ella se mantiene abierta en la inevitable libertad de cambiar, de ser otra cosa que aún no somos.

Tal y como enfatiza  Fernando Savater: “los humanos no somos algo dado previamente de una vez por todas, algo ‘programado’ de antemano, ni siquiera ese ‘algo’ que cada cual pretende establecer como nuestra verdadera identidad, nuestra profesión, nuestra nacionalidad, nuestra religión, sino que somos lo que no somos, lo que aún no somos o lo que anhelamos ser, nuestra capacidad de inventarnos permanentemente, de transgredir nuestros límites, la capacidad de desmentir lo que previamente hemos sido”.

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