La Vocación Es La Espina Dorsal De La Vida

Me permito, en esta oportunidad, utilizar una frase no muy conocida del filósofo alemán Frederick Nietzsche, cuyo sentido bastante particular y sugerente, me induce a pensar en la cuestión de si la vocación se elige o se construye

Desde luego, que este es un dilema a partir del cual se han desarrollado un gran número de teorías, polémicas y discusiones, las cuales no vale la pena exponerlas en este momento. Lo que, en efecto, queda claro es la pregunta esencial. ¿Una vocación se construye o se elige? De esta forma es evidente que la vocación es la espina dorsal de la vida.

Muchos jóvenes, atenazados por los imperativos de una sociedad que ha diversificado considerablemente sus saberes y sus haceres, suelen manifestar un enorme desconcierto respecto a su futuro profesional. En realidad, a veces ni siquiera pueden considerar, de forma reflexiva, si puede ser una cosa u otra. 

La Vocación Es La Espina Dorsal De La Vida

Los factores que inciden en la elección de una carrera son múltiples y contradictorios. Tanto que pareciera existir, en el mecanismo de elección, una especie de automatismo, una actitud irreflexiva que conduce a tomar decisiones no bien pensadas y aún menos construidas. 

En buena medida y para perjuicio de los estudiantes, los sistemas educativos en vez de fortalecerse en términos de abrir y expandir inteligentemente las posibilidades vocacionales, solo han deconstruìdo un discurso que he considerado vital en sus estructuras éticas y creativas.

Principios tales como la solidaridad, el afecto, la compasión, insertadas en las llamadas virtudes mayores, casi fueron barridas por esas pequeñas y hasta miserables virtudes que insisten, por ejemplo, en el ahorro o en el enriquecimiento desmedido.

En este sentido, pienso que una vocación se construye a partir de específicas condiciones proporcionadas por el contexto social y también por el ámbito familiar. Si bien existen aptitudes innatas para desarrollar ciertos saberes, estas, sin embargo, pudieran fracasar o no expresarse debidamente, si su armazón no se construye sobre bases fuertes. 

Identidades Y Saberes También Se Construyen

En realidad, la vida misma es una eterna construcción de hechos y destinos. Nada viene listo y acabado. Es desde el descubrimiento y el esfuerzo, que las identidades y los saberes se construyen con el objeto de poder alcanzar una individualidad única y articulada con los demás procesos sociales, económicos y culturales. 

De cualquier manera, la elección de una vocación está predeterminada en la pausada construcción de la misma. Construyo, artículo y elijo. Muchos creen que las vocaciones no se construyen, es decir, que éstas parecieran venir del núcleo genético o del azar objetivo. Esta teoría tiene algo de cierto, a pesar de todo. ¿Es posible considerar  que la vocación es algo innato? 

Ciertas personas nacen, sin duda, con una serie de habilidades que les permiten ser competentes en determinadas profesiones. Por ejemplo, alguien con facilidad para transmitir, de una manera clara y sencilla, diferentes conceptos relacionados con una materia; permitiendo así que otros los asimilen mejor, puede convertirse en un gran profesor. Por ello, la vocación es la espina dorsal de la vida.

Encontrar Una Vocación En El Horizonte

¿Hay personas que están impedidas para encontrar su vocación? La respuesta es negativa, pues como ya he insistido, la vocación también se puede construir. Esta idea dibuja un enorme interrogante en el horizonte: ¿qué sería realmente la vocación?

Me atrevo a manifestar que la vocación es la inclinación que el individuo manifiesta hacia una profesión o hacia una carrera en concreto; inclinación que no necesariamente cuenta con las habilidades precisas y, por lo tanto, estas deben adquirirse, “construirse” y trabajarse.

No descarto la posibilidad de que no nos sintamos identificados con lo mencionado anteriormente. Quizá no hayamos nacido con una serie de habilidades que nos hayan permitido encontrar nuestra vocación, en un entorno que la haya favorecido o, en su defecto, no tengamos acceso a la adquisición de habilidades que no necesitamos. ¿Qué ocurre en estas circunstancias? ¿Estamos destinados a trabajar en algo que no nos gusta?

Ocurre a menudo que el trabajo que estamos realizando en la actualidad, no nos llame la atención y lo estemos haciendo porque simplemente necesitamos el dinero. Puede ser cualquier tipo de profesión, pero el hecho dramático de que no nos guste para nada, puede hacer que nos sintamos desmotivados y sin ganas de dar lo mejor de nosotros mismos. Esta situación puede cambiar. Alguna vez leí que la peor tragedia consiste en no tener ningún objetivo que alcanzar y esta situación es absolutamente paralizante

Comenzando A Construir Una Vocación

Muy probablemente, una de las mejores maneras para comenzar a construir una vocación es tratar de fortalecer las competencias, haciendo algún curso previo o iniciando un seminario sobre algún aspecto en particular. Existen empresas en las cuales se brindan determinados alicientes a aquellos trabajadores que progresan en su trabajo. Esto se puede lograr con una mejor retribución salarial, entre otros aspectos gratificantes. 

Solo el hecho simple de que percibamos, cada vez, que podemos ser mejores  profesionales y realizar un trabajo puede hacer que termine gustándonos plenamente. No importa si el trabajo consiste en traducir un libro o en atender a los clientes de un restaurante. En todos los casos, la vocación se puede construir.

Orgullosos De Nuestra Vocación Y Del Trabajo

El sentirse orgulloso y bien retribuido, es otro de los aspectos  que nos hace mejorar las competencias y perfeccionar, de manera notable, las habilidades que tengamos. A medida que nos descubramos siendo más efectivos en nuestro trabajo, más productivos e, incluso, creativos, nos iremos sintiendo.  Lentamente, nuestro interés irá en aumento y, en consecuencia, nos habremos olvidado de ese desinterés que sentíamos en un principio. 

Una consecuencia afirmativa de este estado de ánimo específico, es que obtendremos otro aliciente más para sentir que hemos conseguido construir nuestra vocación: el reconocimiento. Un reconocimiento que recibiremos de los demás y que no será más que una confirmación de que estamos consiguiendo nuestros objetivos.

En ocasiones, armar nuestra vocación no es una tarea simple. En estos casos, ya la propia labor de búsqueda puede convertirse en todo un reto. Por otro lado, quienes tienen la vocación a flor de piel tal vez se ahorren este paso, pero también deben formarse, perfeccionar sus capacidades y, a veces, enfrentarse con procesos selectivos que pueden causarles mucha frustración.

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