Vocaciones perdidas y vocaciones halladas

Uno de los dilemas más frecuentes con los cuales se suele lidiar en las asesorías vocacionales, tiene inevitablemente que ver con el tema de las indefiniciones e inseguridades vocacionales. Aquello que podríamos llamar vocaciones perdidas y vocaciones halladas.

Hoy por hoy, establecidos en un mundo donde la diversidad, la multiplicidad de opciones, la competencia  que promueve la ya conocida globalización,  frente a los efectos de la no tan conocida “revolución de los datos, también llamada revolución industrial 4.0” que transforman y condicionan la vida, mal se puede abordar con claridad la elección de una determinada carrera u oficio.

En situaciones, digamos que normales, ya definir, con absoluta transparencia, aquello que “de verdad” nos gusta y por lo cual sentimos una vocación incuestionable, resulta, casi siempre, controversial. La razón se debe, desde luego, a que en la vida no existe, desde este punto de vista, nada definitivo, puesto que todo o casi todo está expuesto a cambios constantes.

De hecho, el licenciado en Psicología Ignacio Diorio contempla que “entre los conceptos de “cambio” y “formación continua” radica la clave para poder entender esa especie de inestabilidad vocacional que en nuestro contexto actual, muchos sienten con respecto a las carreras seleccionadas.

En el cambio se encuentra todo aquello que nos mueve y empuja hacia derroteros imprevisibles, y en la formación continua se esconde una de las claves para el permanecer en estado de competitividad y empleabilidad, hecho que es absolutamente necesario en un mundo cada vez más plagado de algoritmos, inteligencia artificial y mecanismos de automatización”.

Vocaciones perdidas y vocaciones halladas: un dilema existencial

Como dice el viejo saber popular, “con el diario del lunes, todos somos directores técnicos”. En otras palabras,  analizando a la luz de los hechos consumados cómo se desenvuelve la vida y la carrera de un profesional de cualquier  persona , resulta relativamente lógico encontrar que desde la  adolescencia temprana, y luego en distintos momentos posiblemente se hayan producido crisis que fueron vividas como “existenciales”.

Sin embargo, ponderando aquellos hechos en retrospectiva, la mayoría de las veces se constata que aquella crisis, fuente de angustia, ha servido como motor para salir a la búsqueda de respuestas que den sentido a nuestros propósitos.

 Es decir que aquella serie de tribulaciones por las que transitamos, son tan angustiantes como  necesarias para poder crecer.

Y es que en materia de vocación las recetas no siempre están tan claras: Los caminos para generar un resultado son, en cierta medida, imprevisibles. De hecho, el azar muchas veces juega un papel inesperado e, incluso, favorable para nuestras vidas.

De modo, pues, que el llamado conflicto” vocacional, en el fondo tal vez no lo sea, en tanto que, bien visto, no existen decisiones y elecciones sin la presencia, directa o indirecta, de un conflicto interior”, añade el profesional en Psicología.

La elección vocacional también incluye la posibilidad de equivocarse

Todo ello, de igual manera, crea las bases sobre las cuales se comienzan a articular situaciones concretas relacionadas con aquello que se ha elegido. Esa elección vocacional incluye, asimismo, la posibilidad de equivocarse; la posibilidad siempre amenazante de claudicar ante una carrera que se pensaba era la indicada.

Suele ocurrir, en innumerables casos, que los caminos andados toman aspectos contradictorios y a veces difíciles de andar. No obstante, siempre existirá la posibilidad cierta de volver a repensar lo antes meditado, desandar los pasos y volver a intentar abrir un nuevo campo de acción, tratando de reflexionar sobre aquellas vocaciones perdidas y vocaciones halladas.

Por ello, el licenciado Diorio resalta que “siempre que se tenga la posibilidad, también es interesante tomarse el trabajo de consultar a gente que ya haya transitado esos caminos. Preguntarles qué dificultades han tenido, pedirles consejos”. 

Además, agrega: “Si en el devenir de este ejercicio nos encontramos con personas honestas y comprometidas, y con un poco de suerte, lograremos recoger entre sus testimonios indicios de que la vocación, en cierto modo es como una relación. Una relación, en este caso, con uno mismo y con el grado de compromiso con el que elige ser quien es”. 

“A las relaciones hay que cultivarlas, nutrirlas, cuidarlas, no desatenderlas. Elegirlas cada día. Lo mismo pasa, en alguna medida, con la cuestión vocacional”, continúa expresando el licenciado Diorio.

De igual manera, el profesional de la Psicología resalta que: “Vemos así que para estos fines es siempre sensato empezar la búsqueda de señales en el terreno de lo que más nos apasiona. De este modo, será más fácil encontrar las energías necesarias para formarse, educarse y volverse una persona experta en determinado campo o materia”. 

 Finalmente, asumir un conjunto de predicciones, tanto como de incertidumbres, vinculadas con las inclinaciones vocacionales es tan importante como reconocer nuestra vulnerabilidad.

La tecnología influye, cada día más, sobre la motivación y la elección de carreras

Ignacio Diorio nos comparte aquí un ejemplo que ilustra , en miniatura, los cambios y las transformaciones con los que la tecnología está impactando a las carreras, a las instituciones, y a las profesiones: 

“Imaginemos cómo era hace 40 años el trabajo de un periodista: Podemos asumir sin riesgo a equivocarnos que para realizar su oficio y sostener su prestigio debía lograr un contacto genuino y original con fuentes que le dieran información confiable, veraz y de primera mano.  Luego para el periodista debía esforzarse muchísimo en analizar los datos, y escribirlos de modo que logre captar a su público, ávido de consumir esta información.  

Los equipos de redacción de los diarios empeñaban tiempo, dinero y energía en contratar estudiosos que lograran generar el mejor “titular”, la mejor tapa de diario, la mejor síntesis: Aquel que fuera capaz de capturar mejor la atención de los lectores, era posiblemente el que mejor vendía publicidad entre sus páginas.

Es interesante notar que después de dichos esfuerzos, el éxito o el fracaso de ese empeño se vería recién un domingo después haber impreso miles o millones de copias del periódico. Ríos de tinta corriendo semana tras semana, intentando expresar con la precisión de un franco-tirador, una idea que dé en el target buscado.

Con el advenimiento de los diarios digitales y la llegada de los famosos “analytics” , los equipos periodísticos concentran hoy su energía en otra cosa muy distinta.  Los periodistas prestigiosos ya no invierten tiempo en escribir aquel titular certero.  Tienen la posibilidad de escribir una misma nota de varias maneras, publicarla online, y revisar cuál de las palabras recibió más clicks, más vistas y más “me gusta”.

 En pocos minutos y aprovechando los datos y los análisis de los equipos de redacción y post-producción es posible determinar cuál es la nota que dejarán en el portal por el resto de la jornada como “verdadera” o “definitiva”.

Este hecho asegura en tiempo real, que aquellos “me gusta” de los lectores  y co-autores de los titulares se conecten de manera muy precisa y muy particular con los gustos del público consumidor, que por su parte, recibirá en su correo electrónico invitaciones a revisar la nueva nota de su autor favorito; en conjunto con una serie de publicidades que también llegan pensando en los gustos particulares de este lector.

Más allá de los límites éticos que estos hechos conllevan, y el cuestionamiento de lo que damos en llamar el proceso de construcción de la “pos-verdad”, es interesante analizar cómo frente a un mismo oficio o profesión, las habilidades y exigencias han cambiado profundamente.

Aquella imagen del periodista que oficiaba como un “franco-tirador” con una bala para dar en su centro, hoy ha caído en desuso. La condición para ser efectivo no pasa tanto por la precisión inicial, sino por la habilidad de ir corrigiendo sobre la marcha, la trayectoria y la velocidad necesaria para lograr un determinado impacto.

Las personas que logran ver esto como oportunidades en lugar de obstáculos logran predisponerse de antemano de un modo mucho mejor para iniciar cualquier desafío.

Quienes logran adoptar una buena actitud en estos asuntos son capaces de tomarse el trabajo de medir los alcances, posibilidades, metas, riesgos, fortalezas y debilidades de todas las opciones contempladas».   

En consecuencia, no tengas miedo en elegir un camino, a pesar de que no estés plenamente seguro de tu elección.

Todas las grandes carreras inician con algún paso.     Apelando nuevamente al sentido común, el primer paso no te lleva a dónde quieres. Pero te saca de donde estás.

 Quiere decir que dar el primer paso y ponerse en marcha, es más importante de lo que parece.

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